Covers argentinos: Alfredo Casero versiona un clásico de la música japonesa.

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Un día de comienzos de siglo, el multifácetico Alfredo Casero se encontraba en un restaurante japonés cuando un señor descendiente de okinawenses le hizo escuchar “Shima uta” del grupo The Boom. Casero quedó encantado y decidió incluirla en su disco “Casaerius” (2001). El tema se convirtió en un éxito inesperado. Trascendió las fronteras, llegó a su país de origen, Japón, donde fue acogida con gusto por el público y la crítica. Esta canción fue la elegida para representar a la Argentina en el mundial de fútbol de 2002, y lo llevó a Casero a realizar conciertos en Japón e interpretarla junto a Kazufumi MIyazawa, ex miembro de The Boom y compositor de la obra, en el célebre estadio de Yoyogi ante una multitud de 70.000 personas. El disco “Casaerius” recibió entre otros galardones tres premios Gardel, e incluía otro gran éxito, “Pizza conmigo”.

La otra historia, quizás la más conmovedora, cuenta que allá por 1991 Kazufumi Miyazawa estaba de visita en el Museo de la Paz de Humeyuri, en la isla de Okinawa. Allí conoció a una mujer superviviente de un grupo de enfermeras adolescentes (Humeyuri Gakutotai) que socorrieron a los soldados durante la invasión de las tropas estadounidenses a la isla en abril de 1945. Ella le hizo saber una parte de la historia que era desconocida por Miyazawa, que durante aquella batalla, que en realidad sirvió sólo para alargar la batalla principal, tuvieron que esconderse bajo cuevas subterráneas y la mayoría de sus compañeras murió allí. De las 222 niñas que formaban el cuerpo de enfermería, 123 perdieron su vida. Otro dato conmovedor es que muchas de las bajas que sucedieron en Okinawa fueron a causa de los suicidios en masa, y en muchas familias, los miembros decidían asesinarse unos a los otros antes que convertirse en prisioneros de guerra.

“Shima uta”, cuyo signficado en japonés es “canción de la isla”, traza una conexión entre el mundo de la naturaleza y el horror de la Segunda Guerra para contar una conmovedora historia. Hace referencia a la flor de Deigo, la cual florece en el mes de abril y muere en junio. Desde abril y hasta junio del año 1945 se repitieron los ataques estadounidenses como azotes de “las olas del mar”. Miyazawa le implora a “la canción de la isla” que sea ella la encargada de entregar las lágrimas y el amor por igual, el tema es entonces un intento de divulgación de esta historia para que llegue a conocerse mucho más allá de la isla, pero, es sobre todo un llamado a la paz.

Casero con una pronunciación muy acertada del japonés, según conocedores del idioma, le imprime la solemnidad y la fuerza que dan como resultado una interpretación respetuosa y movilizadora de un tema de alcance universal.

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Por Cristian G. R. // Blog // Twitter