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El ascenso del ángel eléctrico. #HastaSiempreCerati

gustavo angel

Nadie nos preparó para estas cosas. Nadie nunca nos advirtió que nuestros héroes, nuestras personas más amadas y admiradas, un día nos dejarían solos y con tanta tristeza por enfrentar. A esas personas uno las ve como seres sobrenaturales, más fuertes que uno mismo, impresionantes por donde se los mire. Uno los pone en un altar y hasta les reza. Sabemos que ese ídolo nos escucha y no nos decepciona nunca. Así era nuestra relación con Gustavo Cerati. Un hombre tan lejano y a la vez tan cercano.

Es que la música puede generar tanto con unas pocas melodías. La música nos acompaña desde siempre, con mayor o menor consciencia nos ayuda a sobrellevar nuestra existencia que no siempre es la más digna. El disfrute de una melodía, de una letra que nos hiela por dentro, nos regala el ímpetu que muchas veces carecemos. Y cuando un artífice de melodías y poesía como Gustavo se va… indefectiblemente nos llena de tristeza nuestra vida, que ya no podemos concebir sin su obra.

Hoy al mediodía almorzaba y veía la televisión, cuando me encuentro con esa tremenda noticia. Gustavo se había cansado de luchar. Quedé helado. Dejé mi plato por la mitad, no podía digerir nada, sobre todo las palabras del periodista de turno que anunciaba con mucho pesar el deceso. Uno de los integrantes del programa de televisión se adjudicaba fanatismo por Gustavo y por Soda, contaba que los fue a ver en el último concierto del ’97 y también cuando volvieron una década más tarde. Dentro mío recordé aquella vuelta, la gira “Me verás volver”, recordaba aquellos primeros acordes de “Juego de seducción” y mi estremecimiento de entonces. Bajé la mirada. Vi que tenía puesta la remera de la gira “Me verás volver”, sin saberlo la había escogido esa mañana para hacerle un homenaje adelantado al gran Gustavo. Pensé también que aquella remera, una de las dos que tengo de Soda y una de las tantas de mi colección de remeras de bandas, ya no iba a significar lo mismo. A partir de ese momento y por esa casualidad (o causalidad) ese pedazo de tela iba a ser mucho más que una prenda a la cual le tengo mucho cariño. En ese instante se convertía en mi uniforme con el cual recibí tan dolorosa noticia, pero también con la que disfruté uno de los momentos más hermosos como espectador de rock, aquel show de 2007 en el estadio Monumental.

El arte perdura, sobrevive a los dolores. Eso es lo que aprendimos de genios como Gustavo. Ésas son las enseñanzas que nos dejaron él, el Flaco, Pappo, Miguel Abuelo, Luca… Y aunque nos sintamos desconsolados y empequeñecidos ante un dolor tan grande, quizás el ascenso del ángel eléctrico no haga más que confirmar su aura sobrenatural. Gracias, Gustavo por hacer nuestras existencias más llevaderas. Gracias por venir.

Cristian Germán Rueda // Twitter // Blog

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